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El boom de las formaciones de Barre: crecer sí, pero con criterio

2 sept
6 min de lectura

La práctica y el entrenamiento Barre está creciendo. Y mucho.


Hace apenas unos años era una disciplina prácticamente desconocida para una gran parte del público español. Hoy encontramos nuevos estudios, nuevas propuestas, diferentes estilos y cada vez más personas interesadas en practicarlo.

Solo en Madrid se contabilizaban ya, en febrero de 2026, al menos 43 estudios especializados o con una oferta importante de Barre.


Como profesional que lleva años trabajando alrededor de esta disciplina, me alegra profundamente. Que el Barre crezca significa que más personas lo conocen, más alumnas quieren practicarlo, aparecen nuevas oportunidades profesionales y el sector comienza a adquirir una entidad que hace unos años todavía no tenía.

Pero todo crecimiento rápido trae consigo algunos fenómenos sobre los que creo que merece la pena reflexionar.

Y hay uno que últimamente observo con especial atención:


La proliferación de formaciones para instructores de Barre.

Cada vez son más los estudios que, poco después de introducir Barre entre sus actividades o incluso poco después de abrir sus puertas, comienzan también a ofrecer su propia formación para instructores.

Y quiero dejar algo claro desde el principio. No considero negativo que existan diferentes escuelas, metodologías o maneras de entender el Barre. Todo lo contrario.

Una disciplina evoluciona cuando existe investigación, intercambio, diversidad y profesionales capaces de aportar nuevas perspectivas.


El problema aparece cuando confundimos practicar Barre, impartir Barre, dirigir un estudio de Barre y formar instructores de Barre. Porque son cuatro cosas diferentes.


Saber impartir una clase no significa necesariamente saber formar a un instructor


Una persona puede ser una magnífica instructora. Puede tener presencia delante de un grupo, transmitir energía, seleccionar buenos ejercicios y conseguir que sus alumnas salgan encantadas de una sesión. Y eso tiene muchísimo valor.

Pero formar a otra persona para que sea capaz de enseñar requiere bastante más.

Requiere saber explicar por qué se realiza un ejercicio, qué objetivo persigue, cómo debe progresarse, cuándo debe modificarse y qué errores debemos detectar.

Requiere comprender alineación, biomecánica, anatomía aplicada, musicalidad, planificación, progresiones, regresiones, corrección y comunicación.

Requiere saber estructurar una sesión completa y, todavía más importante, enseñar a otra persona a construirla sin depender de una coreografía previamente memorizada.


Y requiere pedagogía.


Una formación de instructores no debería limitarse a transmitir ejercicios. Debe transmitir criterio y la persona que lo imparte una formación profesional y sólida, normalmente de bastantes años sobre esto.


Ese criterio es precisamente el que permitirá que el futuro instructor pueda tomar decisiones cuando tenga delante a diez cuerpos diferentes, diez niveles distintos y diez necesidades que probablemente no aparecían en el manual.


Tener un estudio tampoco convierte automáticamente a alguien en formador


Emprender y abrir un estudio requiere muchísimo trabajo. Lo sé perfectamente.

Hay que crear una marca, encontrar un espacio, formar un equipo, atraer alumnado, gestionar horarios, proveedores, comunicación, administración y cientos de cuestiones que nadie ve cuando entra a una sala perfectamente preparada cinco minutos antes de comenzar una clase.

Pero la capacidad empresarial y la capacidad docente son competencias diferentes.

Y creo que como sector debemos empezar a diferenciarlas.


Abrir un estudio acredita una trayectoria empresarial. Formar profesionales exige, además, una trayectoria técnica y pedagógica.

No porque exista una élite que deba decidir quién puede o no puede enseñar.

Ni porque exista una única manera correcta de hacer Barre.

Sino porque cuando una persona paga por una formación profesional está depositando algo importante en quien la imparte: su confianza.

Confía en que aquello que está aprendiendo tiene una base.

Confía en que quien se encuentra delante ha recorrido previamente un camino que ahora puede ayudarle a recorrer.

Y confía en que cuando termine no tendrá simplemente una colección de ejercicios y un diploma, sino herramientas suficientes para ponerse delante de un grupo con seguridad.

Eso implica una responsabilidad enorme.


Barre parece sencillo. Enseñarlo bien no lo es.


Quizá parte del problema esté precisamente ahí.

Desde fuera, Barre puede parecer relativamente sencillo.

Una barra de ballet.

Música.

Pliés.

Relevés.

Trabajo de brazos.

Ejercicios de core.

Pequeños movimientos repetidos.

Y una sala bonita.


Pero Barre no es la suma de todos esos elementos. Detrás de una buena sesión existe una arquitectura. Hay una lógica en el orden de los ejercicios, una gestión de cargas, una progresión de intensidad, una relación entre grupos musculares, unas transiciones, una utilización determinada de la música y una forma concreta de comunicar y corregir.


Y, además, Barre bebe de diferentes disciplinas y tradiciones de movimiento. Precisamente por eso, cuanto más profundizas en él, más consciente eres de todo lo que necesitas estudiar.


Esa es probablemente una de las grandes paradojas de cualquier profesión:

cuanto menos conocemos una materia, más sencilla parece.


Una formación debería poder responder a una pregunta muy simple: ¿por qué?


¿Por qué este ejercicio está aquí?

¿Por qué utilizamos esta posición?

¿Por qué realizamos determinadas repeticiones?

¿Por qué modificamos un ejercicio para una alumna?

¿Por qué esta secuencia precede a la siguiente?

¿Por qué corregimos de una determinada manera?

¿Por qué aumentamos o disminuimos la intensidad?


Si una metodología solo puede responder: “porque así hacemos nuestras clases”, tenemos una coreografía o un estilo propio.

Y eso puede ser perfectamente válido para operar dentro de un estudio. Pero una metodología formativa debería ir más allá.

Debe proporcionar principios que permitan al profesional razonar.

Porque las secuencias cambian, las tendencias cambian, los materiales cambian, los estudios cambian, pero el conocimiento permanece.


Quizá ha llegado el momento de que el propio sector se exija más


Actualmente encontramos formaciones de Barre con planteamientos muy diferentes: programas presenciales, híbridos y online; cursos intensivos y procesos más extensos; algunos incluyen anatomía, metodología y evaluación, mientras otros se orientan principalmente hacia la adquisición de repertorio y estructura de clase.

La variedad no es el problema. De hecho, es positiva.


Pero como Barre continúa consolidándose en España, creo que tenemos la oportunidad de empezar a construir una verdadera cultura profesional alrededor de su enseñanza.

Y eso implica plantearnos algunas preguntas incómodas:

¿Qué debería saber realmente una persona antes de recibir una certificación como instructora?

¿Qué conocimientos mínimos debería tener?

¿Debería existir una evaluación?

¿Es suficiente asistir a unas horas de formación para considerarse preparada?

¿Qué experiencia debería tener quien forma a futuros instructores?

¿Estamos formando profesionales capaces de pensar o simplemente profesionales capaces de reproducir una clase?

Son preguntas que, como sector, merece la pena empezar a hacernos. No para excluir si no para avanzar.


Nuestra manera de entender la formación


Desde Instituto Instructor Barre llevamos tiempo trabajando precisamente sobre esta cuestión.

Nuestra preocupación nunca ha sido únicamente enseñar ejercicios de Barre. Queremos estudiar cómo se enseña Barre.


Por eso nuestro trabajo está cada vez más orientado hacia la metodología, la pedagogía, la biomecánica, la investigación y la construcción de un marco académico que permita comprender la disciplina más allá de una secuencia concreta.

Actualmente, nuestra formación aborda técnica, posiciones, alineación, biomecánica, estructura y programación de clases, correcciones, progresiones, transiciones, musicalidad e intensidad, además de incorporar evaluación teórica y práctica.


Y esta inquietud es también la que nos llevó a desarrollar el Academic Barre Instructor ®

No porque pretendamos afirmar que existe una única manera válida de enseñar Barre, sería absurdo.

Lo hacemos porque creemos que una disciplina que está creciendo necesita metodología, lenguaje, criterios, investigación y profesionales preparados para hacerla evolucionar.


Queremos formar instructores que no necesiten preguntarnos constantemente: “¿Qué ejercicio hago ahora?”

Queremos que sean capaces de preguntarse: “¿Qué necesita esta clase ahora y por qué?”

La diferencia puede parecer pequeña.Profesionalmente es enorme.


No necesitamos menos escuelas. Necesitamos más responsabilidad.


Me gustaría que este artículo no se interpretase como una crítica hacia quienes están comenzando. Todos hemos empezado alguna vez, yo también.

Y sigo estudiando, investigando y modificando muchas de las cosas que pensaba hace años. Y considero que precisamente eso forma parte de ser profesional.

Tampoco creo que debamos convertir el Barre en un territorio cerrado donde unas pocas personas decidan quién puede entrar. Al contrario:

Quiero que haya más Barre.

Más estudios.

Más instructores.

Más investigación.

Más especializaciones.

Más profesionales aportando perspectivas diferentes.

Pero precisamente porque quiero que el Barre crezca, también quiero que crezca bien.

Porque cuando una disciplina se convierte en tendencia existe la tentación de acelerar los procesos, y los atajos no existen...

Abrimos un estudio. Creamos una comunidad. Funciona. Y el siguiente paso parece ser crear una formación...


Pero formar formadores no debería ser simplemente una nueva línea de negocio, es otra profesión dentro de la profesión y merece ser tratada como tal.


El Barre tiene ante sí unos años apasionantes, puede quedarse en una tendencia fitness reconocible por una barra, unos calcetines antideslizantes y una determinada estética. O puede consolidarse como una disciplina con metodología, profesionales especializados, investigación y una enseñanza cada vez más rigurosa.


Personalmente, tengo bastante claro cuál de esos dos caminos quiero ayudar a construir.

Profesionalizar La Metodología de Entrenamiento Barre no significa ponerle puertas. Significa ponerle cimientos.



 
 
 

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